Nuestro mapa interno
A menudo llegamos a consulta sintiendo que algo en nuestro interior está “roto” o que reaccionamos de forma desproporcionada ante lo que nos sucede. En realidad, somos el resultado de una gran red de experiencias y aprendizajes que hemos ido tejiendo desde el nacimiento.
La red de lo que nos impulsa
A lo largo de la vida, tu persona ha acumulado «neuro-aprendizajes» positivos. Son esos momentos en los que sentiste capacidad, afecto o protección. Esos recuerdos sostienen tus virtudes actuales: que seas alguien cariñoso, que sientas habilidad en el trabajo o que confíes en tus amistades. Son redes sólidas que permiten caminar con seguridad.
La red de lo que nos duele
De la misma forma, todos guardamos experiencias que no fueron procesadas adecuadamente. Quizás una crítica constante en la infancia, una ausencia dolorosa o un momento de vulnerabilidad en el colegio. Cuando el cerebro vive algo con demasiada intensidad, no siempre puede archivarlo con calma. Ese recuerdo se queda «congelado» con toda su angustia, su miedo o con una creencia negativa sobre uno mismo.
¿Por qué sufrimos más de lo esperado?
Por eso, cuando hoy alguien te hace un comentario crítico y te tocaría sentir un 5 o un 6 de malestar, sientes un 8, un 9 o un 10. No es que estés exagerando; es que se ha encendido toda esa red de dolor antigua que tu cerebro no pudo procesar en su día. El estímulo de hoy es solo el interruptor que activa una herida del pasado.
¿Cómo trabajamos?
1.
Evaluación del sistema de apego
Entenderemos tu historia, qué hubo, qué faltó y cómo se construyeron tus vínculos.
2.
Procesamiento con EMDR
Utilizamos técnicas que ayudan al cerebro a procesar experiencias bloqueadas que siguen generando malestar en el presente.
3.
Sanar la red
Al procesar estas experiencias, el pasado pierde carga emocional y el sistema nervioso recupera calma y estabilidad.
